EL PATRIMONIO, UN MOTOR DE DESARROLLO PARA LA CIUDAD AL QUE HAY QUE ENGRASAR

El Patrimonio, un motor de desarrollo para la ciudad al que hay que engrasar.

La ciudad de Ávila lleva décadas siendo un foco de atención para el turismo patrio y, cada vez más, para el turismo internacional. La estacionalidad se va rompiendo y cualquier fin de semana, se puede ver movimiento en las demasiado solitarias calles del centro histórico. Ya nadie debería dudar que el turismo es el motor que impulsa la capital y que la posibilidad de convertirse en un foco industrial por la proximidad a Madrid, se diluye en el Puerto de los Leones.

Al turista le ofrecemos monumentos y patrimonio, gastronomía y cocina en miniatura, mucha espiritualidad y unas pinceladas de eventos. Como cualquiera de nosotros cuando hacemos turismo, vamos eligiendo aquello que es más a nuestro gusto, seleccionando lo que por interés, por tiempo y otros factores nos conviene. Por ello, la oferta debe ser amplia y con muchas posibilidades, para no defraudar a aquel que busca en Ávila un lugar de esparcimiento y está dispuesto a dejar su dinero en este intento.

Quizás los padres con niños echen en falta visitas para los más pequeños mientra que a aquellos a los que interese la historia, un Museo de la Ciudad. O indicaciones en japonés y chino por parte de los visitantes de estas nacionalidades. El turismo es una industria en evolución constante, que debe reconvertirse en función de la demanda. Y esta evolución no debe ser únicamente un asunto de los responsables políticos, todos debemos involucrarnos y aportar nuestra contribución aunque sólo sea siendo amables con el forastero y no increpándoles cuando nos hacen conducir demasiado despacio por la Ronda. También es importante que el abulense se sienta orgulloso de su ciudad, que lo muestre con cariño y que participe y organice para vitalizar la vida cultural de la urbe.

Y no nos debemos llevar a engaño con que la oferta monumental ya está cerrada: quedan palacios, conventos, rincones por adecuar, algunos en estados deplorables que deben ser recuperados y adecuados a fines útiles, con imaginación, para seguir aumentando una oferta de calidad. El patrimonio es un motor fundamental de nuestra economía y debe engrasarse continuamente.

Jorge Díaz de la Torre. Castellum S. Coop.

CURSO ASOCIACIÓN DE VECINOS PUERTA DEL ALCÁZAR

A lo largo del segundo trimestre de 2014 , hemos tenido el placer de impartir el curso “Misterios del Patrimonio Abulense” a un nutrido grupo de socios de la AAVV El Alcázar. La idea inicial era mostrar elementos clave del patrimonio de nuestra ciudad desde una perspectiva diferente, alejada de los estereotipos.

De forma teórica se dieron charlas sobre la Historia de la Arqueología de la capital, los descubrimientos más llamativos o cómo había evolucionado el Grande a lo largo de la Historia. Pero el grueso del curso consistió en patear el centro histórico, rodear la muralla en su perímetro exterior o visitar el Museo Provincial o los Hornos Postmedievales. Excepto algunos lugares concretos, eran sitios conocidos por todos pero se trataba de explicar su origen  o su evolución “in situ” y apreciar detalles en los que, los cientos de veces que habíamos deambulado en la Puerta del Alcázar, la fuente de la muralla, lo que podía quedar de la iglesia de San Isidro o lo cipos musulmanes que todavía restan en San Nicolás fueron “descubiertos” para sorpresa de los asistentes.

Además, nos trasladamos hasta el Dolmen de Bernuy Salinero y a la localidad de Urraca Miguel, uno de los conjuntos de arquitectura popular mejor conservados de la comarca. De vuelta, apreciamos la trayectoria y lo que resta (arquetas y fuentes) de la antigua traída de aguas que, desde los manantiales de Las Hervencias, desembocaba en varios puntos de la ciudad. Así mismo, visitamos el castro de Las Cogotas y, en Cardeñosa, el Centro de Interpretación del castro y su iglesia parroquial.

Para nosotros ha sido una experiencia enriquecedora tanto por la excelente acogida mostrada como por el factor de que el alumnado era abulense de nacimiento o de adopción y las décadas vividas en la capital, hacía que conocieran cada rincón desde una visión personal, con detalles que a nosotros se nos escapaban. Incluso, en el caso de los edificios desaparecidos, algunas personas podían hacer una descripción detallada del mismo ya que habían correteado de niños por sus dependencias o habían asistido a clase en unas aulas improvisadas allí montadas. Esos recuerdos hacen que el patrimonio se recargue de vida, que los monumentos no sean continentes vacíos de contenido sino que se pueda apreciar como han ido teniendo un uso y que han formado parte de la vida de cada persona de una forma diferente.

Jorge Díaz de la Torre. Castellum S. Coop.

FIELATO, TENERÍAS Y ARA ROMANA

9. Fielato

Se remonta a la Edad Media y se trataba de un pequeño edificio adosado al torreón de la Puerta del Río donde se controlaba el paso de aquellos que accedían por el puente a la ciudad. Allí se tributaba por los productos que se pretendía introducir en la ciudad.

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10. Tenerías

Complejo artesanal dedicado al curtido de las pieles, en funcionamiento desde finales del S.XIV- principios del S.XV. La actividad cesa en el último tercio del S.XVII, coincidiendo con la crisis social y económica de la ciudad de Ávila. Será sellado mediante el aporte de una espesa capa de cal. A lo largo de los SS.XVIII-XIX se irá colmatanto el espacio con importantes paquetes de relleno, convirtiendo la antaño zona industriosa en un lugar hortofrutícola.

Los restos atribuibles a las antiguas tenerías comprenden un área aproximada de uno 500m cuadrados. La planta muestra varios entramados constructivos con hasta 6 estancias, 4 de ellas perfectamente definidas, 4 piletas de uso hidráulico asociadas a dichas estancias, un espacio atribuido a una calle, y, finalmente, varias canaletas (de ladrillo y de piedra) dedicadas a la distribución del agua.

En el interior de algunas estancias se han hallado hasta 26 contenedores, que reciben diversos nombres en la jerga del oficio curtidor: pozos, noques, albercas, pipas, según sean los materiales en los que están construidos o según su función dentro del proceso productivo. Los más abundantes son los de cerámica (21).

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11. Ara romana en la Iglesia de San Segundo

Este ara, una estela funeraria, apareció al desmontar la escalera del acceso a la zona inferior alrededor de la Ermita y es del S.II d. C.

La inscripción dice:

Jupiter Óptimo Máximo. Áper Amei Fufla. Hijo de…

Se trata de una inscripción dedicada a Júpiter pero sin conservarse el nombre del fallecido.

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FÁBRICAS DE LA LUZ Y DE HARINAS

7. Fábrica de la Luz

Edificada en 1894 a partir de un proyecto del arquitecto Isidro Benito Domínguez. Nave y chimenea con protección estructural. La otra nave, de propiedad municipal.

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8. Fábrica de Harinas

En la primavera de 1787, el embajador de España en París (Conde de Aranda), remite a nuestro país las propuestas de un fabricante inglés, John Berry, que desea establecer aquí una manufactura completa de algodón.

La Real Hacienda acepta y Berry visita algunas ciudades españolas, escogiendo Ávila como sede de la futura fábrica, y el rey Carlos III decide construirla.

Para su construcción se compra un molino harinero que había en la zona sur de la ciudad, a orillas del río Adaja. Este molino tenía muelas y pertenecía a la comunidad de los Padres Benedictinos del monasterio Santa María la Antigua, situado extramuros de la ciudad, aunque una de las muelas era propiedad del Cabildo de la Catedral.

Se realizaron importantes obras y así, después de derribar el molino, se construyó la “Casa del Puente”, un bello edificio en el que destacaba sobre todas sus dimensiones, la altura. Aquí estaba instalada la maquinaría.

Para recoger el agua del río se hizo un presa, que en un principio presentó algunas dificultades, ya que en la primera riada cogió la cal fresca y el agua comenzó a filtrarse por varias partes, por lo que tuvo que ser reparada.

El agua recogida por la presa proporcionaba la energía hidraúlica necesaria para mover toda la maquinaria y- según consta en el “Madoz”- sabemos que producía una fuerza de dieciocho caballos. La maquinaria se terminó de instalar en agosto de 1790.

Trabajaron en la construcción dos arquitectos abulenses: Don Ceferino de la Serna y Juan de Mendina, aunque la obra fue finalizada por el arquitecto de la Casa Real Don José de la Vallina.

La Real Fábrica de Algodón constaba de las siguientes dependencias: los telares y la dirección, que estaban instalados en el edificio que hoy es Palacio de Justicia, y la parte destinada a los tintes, oficinas, blanquería y otras viviendas, que se hallaban en la llamada Villa de la Serna.

Todas estas obras quedan terminadas en diciembre de 1791, aunque ya antes se había comenzado la producción, aprovechando los edificios que iban siendo acondicionados. Por fin, en el año 1792, se presentan al Rey, para su examen, lo primeros géneros manufacturados de la fábrica.

El comienzo de la producción fue lento, pero la fábrica realizaba todos los trabajos de la manufactura, pues comprendía todas las operaciones necesarias, desde el tratamiento del algodón, en estado de materia prima, hasta el estampado de las telas.

Si bien es verdad que en su etapa inicial, bajo la dirección de J.Berry y T. Milne, supone un revulsivo para la ciudad al emplear, directa o indirectamente, a la octava parte de su población, las dificultades comienzan a la hora de colocar las telas en el mercado, a pesar de utilizar para ello dos almacenes estratégicos: uno en Madrid (lugar de residencia de la Corte) y otro en Cádiz (puente comercial con América).

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Muestras de telas de la Real Fábrica de Algodón.

Las dificultades del mercado con América, la baja competitividad frente a los productos ingleses, entre otras causas, impidieron su rentabilidad y así, lo que primero fue una manufactura estatal, dependiendo de la Real Hacienda, trascurridos diez años de escasos beneficios, se decide traspasarla a un particular: el ingeniero canario Don Agustín de Bethancourt.

En el año 1807 se hace cargo de la fábrica el inglés Ingram Wins, que reduce al mínimo las actividades de la manufactura durante los años de la Guerra de la Independencia.

A partir de 1817, un prestigioso industrial segoviano, Ortiz de Paz, se hace cargo de ella, abandonando el algodón para transformarla en fábrica de lanas.

Don Francisco Mazarredo, en el año 1830, recibe la fábrica, junto con el encargo de intentar revitalizar la industria textil abulense, utilizando el lino en lugar de la lana.

Continúan los cambios en la fábrica, pasando posteriormente a ser fábrica de harinas en 1862, con el nombre de “Santa Teresa”, propiedad de Don Francisco Ramírez. En 1924 sufrirá un primer incendio que la destruye parcialmente pero será el acaecido en 1984 el que deje el edificio en un estado más precario. En el año 1998 es demolida.

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CEMENTERIO MUSULMÁN

El conocimiento de la existencia de la antigua necrópolis árabe venía de antiguo. En su obra de 1607, Ariz recoge:

“Y así parece que en tiempo en que los moros habitaron España, particularmente los que estaban en esta ciudad, tenían entierros fuera de ella en un campo muy grande, cercado, junto al río Adaja,… en el cual se hallan más de dos mil pilarcitos, labrados en redondo, de a vara cada uno, y en algunos medias lunas, y en otros estrellas y letras. Los cuales ponían empinados encima de cada sepultura, y les servían de asiento y señal de cuantos yacían enterrados, y a hacer sus ceremonias. Estos pilarcitos son tantos, cuando se ven en la pared y cerca de los heredamientos que van de la ciudad a S.Espíritus a la mano derecha, saliendo de la Puerta Toledana”

El mayor hallazgo relativo a esta minoría es la del gran cementerio musulmán (“Pared de los Osos”), en un espacio comprendido entre carretera de Burgohondo, Calle de Ali Caro y Calle de la Mina. Entre los años 1998 y 2002 hasta cuatro equipos excavaron este lugar, localizándose una Maqbara mudéjar (Finales S.XII-S.XVI: Edicto de Conversión). Se exhumaron más de 4000 enterramientos en 3 niveles. Depositados en fosa simple y en posición de decúbito lateral derecho, son orientados SO-NE con el rostro mirando a La Meca con un nivel inferior en el que se superponen otros dos niveles de tumbas. Las inhumaciones del 2º y 3º nivel se orientan mirando a La Meca. No contenían ajuar, siguiendo la doctrina jurídico-religiosa de Malic ben Anas. Algunas tumbas quedaban indicadas al exterior mediante cipos.

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Los cipos hubieron de ser abundantísimos como demuestra que la zona recibiese el nombre de Pared de los Osos, derivación de Pared de los Huesos. Prueba de ello es que, varias tapias de las que delimitaban las huertas preexistentes, apareció un buen número de ellos. La mayor parte de los aparecidos se han ido depositando en el Servicio Territorial de Cultura de Ávila. Además, un buen número de los mismos, han sido reutilizados para los más variados fines en obras de mampostería, de balizado o como simples mojones. Especialmente significativa es la gran densidad existente en la zona de San Antonio. Su presencia junto a alguna otra referencia, ha servido para elucubrar sobre la existencia de esta área de otra necrópolis musulmana.

Otra posible necrópolis se pudo ubicar ligeramente más al norte que la principal de San Nicolás, próxima a la Puerta de la Santa de la muralla abulense. En este caso, cabe pensar que la documentación realmente esté aludiendo a la anterior Pared de los Osos ya que se situarían muy próximas una de otra

PORTADA, TORREÓN MUDÉJAR Y LA GRAN NORIA

3. Portada

En la calle Empedrada, 10 se conserva una portada de clara raigambre musulmana: puerta en arco de herradura, construido con ladrillos, enmarcado por alfiz, con friso corrido ornamentado mediante único motivo de ataurique que se repite. Sin duda es una de las huellas más patentes de la presencia musulmana en la ciudad pero, como en el caso de artesonados y soluciones decorativas a partir de ladrillo en ciertos edificios, se trata de elementos que fueron un “encargo”. Por ello, es posible que esta portada no respondiese a que se tratase de una casa ocupada por un árabe.

Otros ejemplos de elementos arquitectónicos de clara raigumbre árabe se dan en diferentes conjuntos edilicios de la ciudad pero siempre bajo un claro patrocinio cristiano por lo que no cabe considerarlos como una muestra cultural de esta etnia.

4. Torreón Mudéjar

Localizada en la calle Empedrada, se trata de una torre de apariencia mudéjar aislada de un patio, rodeada de edificaciones. Se considera que pudiera tratarse de una torre musulmana del S.XV.

5. La gran noria

Se asentaría sobre rellenos que se colmataron los restos previos allí existentes, tras el abandono de la zona de la población morisca.

LAS MORERÍAS DE ÁVILA

2. Las Morerías de Ávila

La localización de las morerías abulenses, entendidas como las zonas de poblamiento de esta minoría religiosa, es bien conocida por la existencia de abundante documentación acerca de asuntos relacionados con miembros de esta comunidad. Su importancia en la Edad Media es bien conocida y se supone que, posiblemente, fuera mayor comunidad existente en Castilla partiendo de los pagos que efectuaba al fisco. Esta Comunidad habitaría en tres aljamas diferenciadas, cada una de ellas dirigida por un alfaquí.

La Morería de la Alquibla era la zona poblada por musulmanes del barrio de San Nicolás.

Desde su origen, la barriada de San Nicolás, junto con las de Santiago y Las Vacas, estuvo habitada por cristianos dedicados a la agricultura y el pastoreo y por un numeroso contingente de mudéjares, también dedicados a la agricultura (la cercanía al río, hace que sea un lugar con posibilidades desde el punto de vista de la implantación de cultivos de regadío, muy apreciados en una zona como la Meseta); también habitaba el arrabal gentes dedicadas a oficios como albañiles, carpinteros, alfareros, etc. (Belmonte Díaz, J. 1986: 92). La comunidad musulmana, recluida en la morería, está completamente marginada y desasistida, careciendo de las más mínima influencia político social.

Con la conversión (1502), el arrabal continuará habitado, en un porcentaje muy elevado, por moriscos, anteriores mudéjares. Serafín de Tapia ha estudiado exhaustivamente la población morisca de la ciudad de Ávila, incluyendo este arrabal entre los que tenían más alta densidad de población morisca de la ciudad (de Tapia Sánchez, S., 1991: 158 a 161). Según este autor en 1503 el porcentaje de población morisca alcanzaría el 30-40%, en 1549 el 20-30% y en 1610 (año en que se dictaminó el Decreto de Expulsión) el 40-50%.

A nivel arqueológico, resulta complejo reconocer evidencias de esta comunidad ya que, sus formas materiales eran semejantes a la de los cristianos. No existía una mayor diferencia en lo referente a las viviendas, partiendo la edificación a partir de materiales pobres tal y como hacía el pueblo llano cristiano. Por tanto, o bien atesoraban algún elemento que les hacía claramente diferentes, o es posible que se haya excavado algún lugar de hábitat, sin que pudiera asegurarse su pertenencia a este tipo de morería.

La mezquita que se ubicaría en el solar citado sería la Mezquita de El Aljamí. Se documenta desde 1403, adquiriendo gran importancia desde la desaparición de las anteriores, ya que a partir de 1482 los mudéjares más pudientes se asentarían en esta zona, denominada “morería de la Alquibla“. Tras el decreto de conversión de los mudéjares dictado por los Ryes Católicos en 1502, se prohibió toda manifestación religiosa y cultural del Islam en tierras de Castilla, y entre ellas las mezquitas.

Así en unos casos se permitió un cambio de uso, como es el caso del citado, que se readaptó por esos años para hacer funciones de hospital. En otros casos, las autoridades permitieron su desmantelamiento y el poder disponer de la piedra, madera o teja de su fábrica en otras del concejo o de particulares.

En fechas más o menos inmediatas, las autoridades urbanas obligaron a abandonar o a desmantelar estos edificios. 

 

IGLESIA DE SAN NICOLÁS

En estas fechas casi veraniegas, apetece hacer una ruta por el Río Adaja, sin salir de la propia ciudad de Ávila. Este es el recorrido que realizamos con nuestros alumnos de los Talleres y que suele encantarles.

Lo vamos a ir desgranando a lo largo de las siguientes entradas. Hoy comenzamos por:

1. Iglesia de San Nicolás

Dentro de la cronología de las iglesias románicas de la ciudad, San Nicolás sería de las más tardías, comenzándose entre la segunda mitad de S.XII y principios del S.XIII. De aquella fábrica primigenia tan sólo restaría la cabecera y las tres portadas. La piedra utilizada fue el granito rojizo o “piedra caleña” tan característica de los templos románicos de la Ávila.

Las tres portadas son diferentes aunque todas parten del arco de medio punto y las arquivoltas que los molduran: la sur con dos arquivoltas simples, sin decoración. La oeste aparece reforzada por cuatro contrafuertes, apreciándose un arco ojival que debió ser la puerta originaria, ya del S.XIII, y que fue cegada en época moderna y transformada en ventana. Y la más decorada es la norte con tacos, palmetas y hojas de hiedra, muy al uso de las iglesias románicas zamoranas. En la clave se localiza un crismón, símbolo de Cristo. Los capiteles en los que culmina el desarrollo de estas arquivoltas presetan una decoración vegetal muy deteriorada.

El campanario se adosaba a esta cabecera por el sur, apreciándose tres niveles diferenciados y, al menos, dos momentos constructivos. Lamentablemente estos momentos diferenciados no se aprecian al interior ya que la restauración de principios del S.XX eliminó las potenciales huellas. En el basamento de esta torre aparece reutilizado como un sillar, un verraco de granito y en todo su desarrollo, se aprecian numerosas cruces grabadas.

Su estructura interna se articula en tres naves que culminan en un ábside de gran desarrollo la central y capillas rectangulares las laterales. Excepto en la cabecera, el resto del templo aparece cubierto con yeserías barrocas del S.XVII. De origen románico, tan sólo se localizan dos capiteles decorados con hojas y águilas en el arco de acceso al presbiterio.

Al norte se sitúa la sacristía. En el extremo opuesto, a los pies, se eleva el coro al que sustentan cuatro arcos carpaneles.

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Resulta curioso como las huertas inmediatas a la iglesia fueron utilizadas como necrópolis por la población musulmana en un ejemplo de tolerancia.

En el S.XVIII se efectúan profundas remodelaciones en el conjunto del templo.

La iglesia de San Nicolás no cuenta con excesivo patrimonio mueble al tener su culto limitado y pertenecer a la parroquia de Santiago. Pese a ello, existe una gran devoción popular a varias de las imágenes que allí se encuentran.

Fue declarada Monumento Nacional en 1980, Bien de Interés Cultural en 1983 y está incluida en la Declaración de Patrimonio Mundial de la UNESCO de 1986 para la ciudad de Ávila.

e-mail: castellumscoop@gmail.com

EL CEMENTERIO JUDÍO MEDIEVAL DE “LA ENCARNACIÓN” – ÁVILA

Blas Cabrera González, Jesús Caballero Arribas, Jorge Díaz de la Torre
CASTELLUM, S. Coop.

La importancia de la aljama de judíos de Ávila durante la Edad Media hacía indudable la existencia, al menos, de un espacio funerario donde enterrar a sus muertos, de acuerdo con su particular ritual funerario. Conocidos, en parte, los lugares de enterramiento de las otras dos comunidades religiosas con las que convivieron, cristianos y musulmanes, tan solo la documentación histórica nos proporcionaba datos sobre su posible emplazamiento. Los trabajos arqueológicos junto al Convento de la Encarnación, han sacado a la luz la situación exacta de un cementerio judío, aportando las fosas de inhumación una característica tipología constructiva.

El hallazgo arqueológico de los restos de un cementerio judío medieval en Ávila se produjo en octubre de 2012 con motivo de las obras de construcción del Colector Norte II en la ciudad, concretamente en los perfiles de la zanja abierta en la parcela situada tras el convento de carmelitas descalzas de la Encarnación. Emplazado en el extremo oriental del Valle Amblés, en una zona peri-urbana al norte del recinto amurallado, el yacimiento ocupa un terreno de unas 2,5 ha, ofreciendo un paisaje de afloramientos graníticos entre los que prolifera la vegetación de tipo herbáceo y matorral. Dicha superficie está delimitada al sur por la cerca del convento y la Urbanización «Residencial la Encarnación»; sus flancos occidental y oriental quedan definidos por la calle Arroyo Vacas y el paseo del Cementerio, respectivamente, ambas con desarrollo Norte-Sur, mientras que su frente septentrional está trazado por la calle de los Canteros. Este área, que se encuentra actualmente surcada por una vía pecuaria, formó parte integrante del convento.

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Los trabajos arqueológicos, llevados a cabo entre los meses de octubre y diciembre de 2012, se emprendieron en un momento en que las obras del colector ya habían comenzado, siendo determinante el socavado de la zanja de la citada infraestructura, tanto para el reconocimiento de las fosas de inhumación, como para el estado de conservación de las mismas. Tras el registro de las estructuras negativas distribuidas a lo largo de los perfiles norte y sur, se procedió a su excavación. Hay que añadir un tramo (20 x 4 m aproximadamente) en el extremo oriental de la zanja, casi en el límite por el saliente de la parcela, donde fueron excavadas 20 sepulturas en planta, previamente al avance de la trinchera. La zanja contó con una longitud de 442 m, y atravesándola de Oeste-Este, los vestigios funerarios ocuparon una extensión lineal en torno a los 300 m. En total han sido documentadas 108 tumbas, de las cuales se excavaron 100. Entre estas, 90 enterramientos depararon restos óseos, estando ausentes en los restantes, bien por la destrucción de la propia zanja, el avanzado estado de desmineralización de los huesos, o porque la fosa no se llegara a utilizar (Tumbas 1 y 49). En cuanto a los vestigios esqueléticos, individualizados y reconocidos debidamente, fueron re-enterrados en julio de 2013 en la misma parcela. El resto de los trabajos consistieron en el control arqueológico de zonas aledañas, quedando
descartada la existencia de estructuras funerarias y otros posibles restos arqueológicos.

Todas las estructuras funerarias documentadas en el cementerio de la Encarnación, han sido excavadas en el sustrato geológico, un granito descompuesto también denominado «jabre». Al igual que en el resto de cementerios judíos peninsulares conocidos, las fosas son excavadas sobre tierra estéril, de acuerdo con uno de los preceptos del ritual funerario judío, por el que la inhumación debe efectuarse sobre tierra virgen.

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Se han identificado dos tipos de fosas de inhumación: escalonadas y tumbas excavadas en fosa simple. A estos habría que añadir aquellas indeterminadas que no han podido ser incluidas en ninguno de estos dos grupos.

Fosa simple. Se trata de una tumba excavada en un solo nivel y de diseño variable en cuanto a la morfología de su planta, siendo la tipología más sencilla. El cadáver se deposita en el fondo, directamente sobre la tierra virgen, cubierto por parihuela o en el interior de una caja de madera. El número de tumbas identificadas de este tipo es de 28.

Fosa escalonada. Es el tipo más abundante en este cementerio. Se caracteriza por presentar un escalón, normalmente en sus frentes norte y sur, que servía para separar la parte inferior de la fosa –con el difunto depositado en hueco– de la superior rellena de tierra. Ambos niveles quedarían separados con materia orgánica vegetal (tablazón o parihuela de madera), o con piedras. El número de tumbas documentadas es de 67.

A lo largo de la intervención arqueológica se ha identificado un único nivel de enterramiento. La totalidad de las tumbas están excavadas en el estrato natural en forma de granito descompuesto, alcanzando las fosas una profundidad considerable; lo que implica la imposibilidad de existencia de más de un horizonte de enterramiento.

Es evidente que, en líneas generales, el ceremonial funerario de los judíos de Ávila no se diferenciaría del de otras comunidades de judíos peninsulares, aunque también se observan ciertas singularidades. Una de ellas, es la práctica ocasional de depositar las inhumaciones en cajas de madera.

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Todos los enterramientos documentados de este cementerio judío de Ávila presentan orientación O-E, dirigidos al sol en el momento de su salida, siendo ésta la causa más probable de la diferencia de grados que se aprecia, junto con las necesidades de adaptación al espacio, surgidas conforme fue creciendo el cementerio.

El hecho de que las tumbas se encuentren distribuidas muy próximas las unas a las otras, –y a pesar de la verificación durante la presente intervención de alguna asociación y superposición entre ellas– permite interpretar, casi con toda seguridad, que las fosas contaron con algún tipo de señalización al exterior.

Según el uso funerario judío, los difuntos se solían enterrar sin ajuar, aunque en contadas ocasiones se documenten algunos elementos de adorno y joyas muy sencillos. En el caso del cementerio judío de Ávila, su escasez ha quedado patente, ya que de 100 tumbas excavadas, tan solo se han recuperado evidencias en dos de ellas, coincidiendo en esta baja proporción con el resto de cementerios judíos que han sido objeto de alguna intervención arqueológica.

LA (INCIERTA) CRONOLOGÍA DEL CEMENTERIO
Ante la falta de obtención de dataciones absolutas, y la escasa aportación de las cronologías relativas, son las fuentes históricas las únicas que nos permitirían aproximarnos al marco temporal del cementerio judío de la Encarnación. Un término post quem sería mediados del siglo XII, cuando comenzamos a tener noticias documentales que documentan el establecimiento de judíos en la ciudad. Es más, durante los siglos XIII y XIV la población judía aparece habitando el sector nororiental del recinto amurallado, al arrimo y protección de la catedral y junto al Mercado Grande.

La estructura urbana respecto a los judíos aparece radicalmente modificada en el siglo XV, cuando se suceden varios intentos de apartamiento y segregación de la población judía, siendo más efectivo y perdurable en el tiempo, el producido a partir de 1480, y que concentra a buena parte de los judíos de la ciudad en el sector suroccidental del recinto amurallado. A día de hoy, desconocemos si ese desplazamiento se tradujo en la apertura de un nuevo lugar de enterramiento, más cercano al sector poblado por los judíos, o si por el contrario, se siguió utilizando el cementerio de la Encarnación, parte del cual ha sido objeto de excavación reciente.

Extracto del artículo publicado en: “Revista Sefarad, Vol. 73: 2 : Julio-Diciembre 2013, páginas 309-338”