FÁBRICAS DE LA LUZ Y DE HARINAS

7. Fábrica de la Luz

Edificada en 1894 a partir de un proyecto del arquitecto Isidro Benito Domínguez. Nave y chimenea con protección estructural. La otra nave, de propiedad municipal.

fabrica la luz

8. Fábrica de Harinas

En la primavera de 1787, el embajador de España en París (Conde de Aranda), remite a nuestro país las propuestas de un fabricante inglés, John Berry, que desea establecer aquí una manufactura completa de algodón.

La Real Hacienda acepta y Berry visita algunas ciudades españolas, escogiendo Ávila como sede de la futura fábrica, y el rey Carlos III decide construirla.

Para su construcción se compra un molino harinero que había en la zona sur de la ciudad, a orillas del río Adaja. Este molino tenía muelas y pertenecía a la comunidad de los Padres Benedictinos del monasterio Santa María la Antigua, situado extramuros de la ciudad, aunque una de las muelas era propiedad del Cabildo de la Catedral.

Se realizaron importantes obras y así, después de derribar el molino, se construyó la “Casa del Puente”, un bello edificio en el que destacaba sobre todas sus dimensiones, la altura. Aquí estaba instalada la maquinaría.

Para recoger el agua del río se hizo un presa, que en un principio presentó algunas dificultades, ya que en la primera riada cogió la cal fresca y el agua comenzó a filtrarse por varias partes, por lo que tuvo que ser reparada.

El agua recogida por la presa proporcionaba la energía hidraúlica necesaria para mover toda la maquinaria y- según consta en el “Madoz”- sabemos que producía una fuerza de dieciocho caballos. La maquinaria se terminó de instalar en agosto de 1790.

Trabajaron en la construcción dos arquitectos abulenses: Don Ceferino de la Serna y Juan de Mendina, aunque la obra fue finalizada por el arquitecto de la Casa Real Don José de la Vallina.

La Real Fábrica de Algodón constaba de las siguientes dependencias: los telares y la dirección, que estaban instalados en el edificio que hoy es Palacio de Justicia, y la parte destinada a los tintes, oficinas, blanquería y otras viviendas, que se hallaban en la llamada Villa de la Serna.

Todas estas obras quedan terminadas en diciembre de 1791, aunque ya antes se había comenzado la producción, aprovechando los edificios que iban siendo acondicionados. Por fin, en el año 1792, se presentan al Rey, para su examen, lo primeros géneros manufacturados de la fábrica.

El comienzo de la producción fue lento, pero la fábrica realizaba todos los trabajos de la manufactura, pues comprendía todas las operaciones necesarias, desde el tratamiento del algodón, en estado de materia prima, hasta el estampado de las telas.

Si bien es verdad que en su etapa inicial, bajo la dirección de J.Berry y T. Milne, supone un revulsivo para la ciudad al emplear, directa o indirectamente, a la octava parte de su población, las dificultades comienzan a la hora de colocar las telas en el mercado, a pesar de utilizar para ello dos almacenes estratégicos: uno en Madrid (lugar de residencia de la Corte) y otro en Cádiz (puente comercial con América).

fabrica de harinas

Muestras de telas de la Real Fábrica de Algodón.

Las dificultades del mercado con América, la baja competitividad frente a los productos ingleses, entre otras causas, impidieron su rentabilidad y así, lo que primero fue una manufactura estatal, dependiendo de la Real Hacienda, trascurridos diez años de escasos beneficios, se decide traspasarla a un particular: el ingeniero canario Don Agustín de Bethancourt.

En el año 1807 se hace cargo de la fábrica el inglés Ingram Wins, que reduce al mínimo las actividades de la manufactura durante los años de la Guerra de la Independencia.

A partir de 1817, un prestigioso industrial segoviano, Ortiz de Paz, se hace cargo de ella, abandonando el algodón para transformarla en fábrica de lanas.

Don Francisco Mazarredo, en el año 1830, recibe la fábrica, junto con el encargo de intentar revitalizar la industria textil abulense, utilizando el lino en lugar de la lana.

Continúan los cambios en la fábrica, pasando posteriormente a ser fábrica de harinas en 1862, con el nombre de “Santa Teresa”, propiedad de Don Francisco Ramírez. En 1924 sufrirá un primer incendio que la destruye parcialmente pero será el acaecido en 1984 el que deje el edificio en un estado más precario. En el año 1998 es demolida.

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